Hojas que caen ya como llágrimas pesadas y somnolientas
tiempo gris de las almas deambulantes sin retorno
paraguas como sombras sin destino, zapatos gastados en el tiempo
con su paso misterioso con rumbo a quien sabe donde.
Voces con sordina de lamentos implacables en las noches pasajeras,
buscando consuelo en los destinos peregrinos inmutables
pupilas desgastadas de tristeza,
risas apagadas por el llanto de los niños que reclama las ternuras
avocadas al misterio a las vidas sin consuelo
trastocadas en dolor y desengaño
Trenes que transportan desalientos
de peajes impagables de las almas reclamando en el tiempo
alegrías de aquellas horas inviolables ya lejanas
llenas de ausencia con olor a lápidas blanqueadas.
Muchachas de luto en las plazas solitarias
estatuas de plañir sereno con lágrimas de hielo
velan sin cansancio las vidas trasnochadas
Horas que la eternidad reclama
en el incesante devenir de las ansias
almas de paso cansado almas de alma clausurada
manos henchidas de plegarías
ojos que buscan las perdidas miradas
santuarios de púlpitos marchitos
conciencias que claman a gritos
perdones no concedidos absoluciones denegadas
Aceras que recorro interminables
calcáreas calles de mi vida
pasos plúmbeos que dejan herida
espíritu mío de de fatigas inagotables.
(Madrid 11 de octubre de 2001)
RETORNO
Despierto asombrado y melancólico
muchas cuestiones en mis sienes
cuantas decisiones tantos trenes sin retorno,
los aromas, las luces encendidas, el verde, su entorno
ciudades azules, mi ciudad gris, el alborozo de cada viernes
vuelo alto hasta allí a mi sitio
veo el oriente con su vigía vestida de blanco
camino entre sus gentes por anchas calles de suicidio
colinas que transitan, hombres con pies de barro
todo en mi vuelta es contradictorio
cielo luminoso que ampara a ricos y pobres
los primeros vestidos de orgullo pensando en sus valore$
los segundos, desplazados, cuestionándose ¿Quién nos jodio?
Agua, azul, cielo, verde, oro, primavera
Orquídea, café, fé, bonhomía, humanidad
dolor, engaño, miseria, fatiga, miedo, coraje, humildad
Todo veo, todo lo siento y no creo en nada
huellas de miseria estigmas que no cicatrizan
angustia a mi alrededor tristeza en las miradas
siguen “Cóndores enterrando todos los días”…
ellos necios traidores valientes de la cobardía
Pueblo mío, ciudad mía, país mío
¿Quien aliviara tus dolores de parto?
¿Te podré decir “Ave Fénix” vuelvo a oír tu canto?
Veré el amanecer en tus ojos, el alivio
y que mis gentes no sigan muriendo de espanto
¿Podré nombrarte sin causar estupor en quien me escucha?
¿Podré mirarte a los ojos fijamente?
pídeme lo que quieras, por ti voy hasta la muerte
no más amnesias enquistadas en las heridas
se que aún puedes asombrarme, aunque parezca un indolente
que puedes convertir el agua en vino vivir en ti la vida
Tierra mía, querencia mía, raíces mías
pedacitos de alma, pedacitos de cielo
no más lágrimas rodando en tus manos vacías
permíteme volver a pisar tu suelo
como el hijo pródigo vuelvo a casa, vuelvo, vuelvo…
(Madrid 10 de octubre, 2005)
ALMA SUYA
(Para Alberto)
Voz oscura como de melancolía
Versos con olor a pampa, a tiempos de exilio
Acordes no cotidianos algún duende en el bolsillo
Cuando deja el escenario “queda un gran espacio
vacío”…
De mirada serena y limpia de corazón desnudo
Cabalga a Rocinante calmando penas de este a oeste
Dejando rosas, su “equipaje” y un
“árbol” florido
De canciones de ternuras, le recuerda su “Goyo”
allí donde esté
A la Dana Dina fue su musa
Con guitarra en mano comenzó la faena
Desgranando a Góngora y a Machado
Hizo suyo un tal Quevedo y a Lope de Vega
Anda con perros y gatos de colores
Que en la noche de insomnio le dictan algún verso
Son todos “callejeros” y muy remolones
Mira la luna, los astros y las estrellas del reverso
Pero es “Ella” quien desata sus más altas
pasiones
Me contó un día una historia real
De un hombre llamado Pedro Bonifacio
Todo un personaje, un vate de su tierra natal
Que hablo con el alguna vez, de poemas, de la vida, del
amor fraternal
Lleva a Rancul en las entrañas
Que no es otra cosa que la Pampa misma
No crean ustedes que hablo cosas extrañas
Es “el centro del universo” y está en la
Argentina
Alma grande, alma viva, de algún modo nos pertenece
Perdóname éste atrevimiento pero así lo siento
Y es este mi sentir desde hace algún tiempo
Así como tu “Almafuerte” en ti perenne
Amigo del alma con estos versos nada pretendo.
Gonzalo Montes.
(Madrid noviembre de 2005)